Exponer es lo que hacemos por default cuando enseñamos.
Es con lo que todos asociamos la tarea de enseñar.
De hecho, “enseñar exponiendo” suena redundante, ¿no? ¿De qué otra manera enseñaríamos?
La exposición es LA estrategia de enseñanza por excelencia... Es la más usada y la que menos ponemos en duda.
Tanto es así que parece que implementar otras estrategias sería arriesgado…
¿Y si los alumnos no aprenden?
Mejor vayamos por lo seguro.
Enseñemos exponiendo.
Pero, ¿y si fuera al revés?
Este es un post conciso y concreto.
Pero muy cuestionador.
Y provocador.
Es un post para animársele.
No vas a volver a mirar a la tarea docente con los mismos ojos…
Seguime. Confío en vos.
Dejemos de exponer
Sé que con esto le estoy tocando la fibra a muchos…
¡Qué barbaridad lo que dice esta chica! – escucho por ahí.
Y sí, te entiendo.
Choca.
Pero la realidad es que pienso que deberíamos ser conservadores en esto.
¿En qué?
Creo que deberíamos buscar asegurarnos de que los alumnos aprendan.
No arriesgarnos en lo más mínimo.
Y para eso, entre otros factores, hay algo que resulta clave: la manera de enseñar.
Y acá llegamos al punto que quiero tratar, que se resume en 2 principios:
- Principio 1:
- Principio 2:
(Tomate tu tiempo. Cuando digieras lo anterior, seguí leyendo así me explico un poco mejor.)
Digo que las exposiciones no son la mejor opción por dos motivos.
Por un lado, porque -como sabemos- el aprendizaje es un proceso activo, que implica construcción de conocimiento y no un proceso pasivo de recepción y acumulación de información.
"Un alumno de un buen programa educativo jamás debiera desempeñarse como espectador televisivo sino como participante, como protagonista. Para aprender hay que estar activo, por eso la televisión transmite información pero difícilmente funciona como herramienta para educar."
(Martínez Aldanondo, 2004: 40-41)
De hecho, ¿alguna vez te preguntaste por qué criticamos el tiempo que pasan los jóvenes frente al televisor pero no el que pasan frente al docente exponiendo?
¿Es que es tiempo menos pasivo?
¡Quizás deberíamos limitar también el tiempo que pasan frente al docente!
Al menos para la TV hay control remoto, y podemos cambiar de canal cuando se vuelve aburrido o poco interesante.
(Ah, pero ojo que el docente tiene cosas muy importantes que decir.
Firmado: El docente.)
Volvamos.
El segundo motivo por el que las exposiciones no son la mejor opción para enseñar en la universidad tiene que ver con el tipo de aprendizaje que buscamos: nos interesa que los alumnos desarrollen competencias profesionales en las que deben poner en uso el conocimiento.
Es decir que no nos interesa que los estudiantes recuerden datos, sino que los puedan utilizar para resolver situaciones de la práctica profesional.
(Ninguno de nosotros querría ser atendido por un médico, un abogado, un arquitecto, que recuerde un montón de datos pero no sepa cómo aplicarlos a nuestro caso concreto, ¿no?)
“Yo puedo decir perfectamente que sé sobre cocina pero no sé cocinar, por tanto no tengo conocimiento. Pero no puedo decir que sé cocinar pero no tengo conocimiento sobre cocina porque el hacer lleva implícito el conocer. (…) Si a lo largo de un proceso de aprendizaje, los alumnos tienen acceso a cualquier tipo de recursos excepto a practicar, difícilmente estarán aprendiendo algo.”
(Martínez Aldanondo, 2004: 49)
Es que resulta que no cualquier forma de aprendizaje de conocimientos hace igualmente probable su uso. Escuchar o leer -como formas de aprendizaje- hacen menos probable el uso del conocimiento que formas más activas.
“La narración es ineficiente a la hora de producir un cambio de relevancia en el comportamiento humano.”
(Finkel, 2008: 256)
Dicho en otras palabras:
¿Te das cuenta lo crucial que resulta esto?
Me caigo y me levanto…
Lo digo una vez más, de otra manera: hay más probabilidades de que una persona sea capaz de utilizar el conocimiento si lo aprendió en condiciones similares a esas condiciones en las que lo va a usar.
¿Conclusión?
Necesitamos brindar a los alumnos oportunidades para que practiquen el uso del conocimiento en situaciones protegidas, en el marco de su trayecto formativo.
- Si sólo les pedimos que lean, nos escuchen, y luego vuelquen en un examen todo lo que recuerdan, no estamos promoviendo que usen el conocimiento. Y ya sabemos cómo termina esto. En unos días no se acuerdan de nada…
- En cambio, si les ofrecemos actividades para que puedan usar el conocimiento, tomar decisiones, proponer alternativas, etc. vamos a estar aumentando las chances de que más adelante puedan retomar eso que aprendieron y ponerlo en práctica de manera efectiva. Por eso decimos que son más rentables que las exposiciones: porque dan mejores resultados en términos de aprendizajes.
Más vale pájaro en mano que 100 volando
Por todo esto digo que no podemos seguir enseñando de manera expositiva: porque no garantiza que los alumnos vayan a ser capaces de usar el conocimiento.
Enseñar exponiendo es arriesgarnos a qué no lo hagan.
(Me lo digo a mí misma también.)
Usemos actividades que fomenten que los alumnos sean protagonistas de sus propios aprendizajes.
“Dar clase con la boca cerrada: proporcionar experiencia, provocar reflexión.”
(Finkel, 2008: 241)
Y sí. Ya sé lo que me vas a decir:
Es que con muchos alumnos es imposible, etc., etc., etc.
Sí, es verdad, es más difícil.
Pero no imposible.
En este post tenés un montón de alternativas para incorporar actividades express en tus clases multitudinarias.
¿Pero entonces no puedo exponer ni un poquito?
Sí, claro que podés.
Si enseñás exponiendo, algo les va a quedar. Alguna idea van a recordar.
Pero, ¿te conformás con eso?
Referencias
- Finkel, Don. (2008). Dar clase con la boca cerrada. En: Dar clase con la boca cerrada. Traducción de Óscar Barberá. Valencia: Publicacions de la Universitat de València (1ª ed. inglesa, 2000).
- Martínez Aldanondo, Javier (2004) El e-learning y los siete pecados capitales. Intangible Capital - Nº 5 – Vol. 0, Noviembre de 2004 - ISSN: 1697-9818
- Sanz Pinyol, Glòria (2007) Cita en el aula, para hacer cosas juntos. En: Casamayor, Gregorio (coord.) Los ‘trucos' del formador. Arte, oficio y experiencia. Editorial Graó. Barcelona.
Y vos, ¿por qué seguís exponiendo para enseñar?
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Comentarios
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Gabriela Calderòn11/10/2021 08:05Siento que estamos en un momento bisagra, de cambio... que urge pasar hacia un modelo de aprendizaje-enseñanza. Y no el que vemos de enseñanza-aprendizaje. En pos de DAR el programa perdemos de vista este proceso en el cual el eje principal es el aprendizaje de los estudiantes, no la enseñanza del docente... En mi experiencia dejo la exposiciòn en el orden de explicar ante la pregunta (la exposiciòn toma la forma de respuesta ante la pregunta puntal, dejando de ser un hilo de ideas que el el/la estudiante no logra conectar), pero a partir de la pregunta no a partir de la programaciòn de la clase. En las materias que doy la propuesta de problemas a partir de casos clìnicos es posible, lo cual favorece que el/la estudiante se involucre, se pregunte, se cuestione y encuentre susViviana13/10/2021 18:54
¡Qué importante lo que planteás, Gabriela!
Qué bueno que puedas hacer todas estas reflexiones de cara a ir diseñando una propuesta que se ajuste cada vez más a lo que los estudiantes necesitan para aprender,
¡Adelante!