Blog de
Viviana Solberg
¡Vamos al blog!

Evitemos la mala praxis educativa

El derecho a una buena educación

Viviana Solberg 13 sep 2021
Lejos de ser una crítica, este post es una invitación a preguntarnos siempre si podemos hacer algo mejor, a poner a los alumnos y sus derechos en el centro de la escena, a acompañarlos en su aprendizaje con la enseñanza que necesitan. ¿Queremos, sabemos y podemos hacerlo?

Inspirada en una conferencia de Santos Guerra, y aprovechando que este blog cumple un año, voy a tocar un tema delicado que nos interpela como docentes universitarios.

En este post-aniversario

  • Te cuento por qué nuestros alumnos no sólo tienen derecho a una educación (universitaria) sino también a una buena educación
  • Analizo cómo podemos evitar lo que yo llamo "mala praxis" educativa.

¿Festejamos nuestro cumple con el espejo en la mano?

Honrando el derecho

En su conferencia “La evaluación como aprendizaje” (excelente, divertida, profunda) Santos Guerra sostiene que los alumnos no sólo tienen derecho a la educación, sino a tener éxito en la educación. A que les vaya bien. Y hace un paralelismo con el sistema de salud que me parece súper pertinente.

Cito acá un breve fragmento.

(Aclaro que él alude al acceso a la escuela, pero a mí me parece extensivo a la educación universitaria.)

“Si tienen derecho a escolarizarse, y salen fracasados, y salen humillados, y salen desmotivados… ¿para qué se han escolarizado?
Es como si dijéramos: todos los niños y las niñas argentinos tienen derecho a la hospitalización.
Y si yo pregunto: ¿Y a éste qué le pasa cuando va al hospital?
A éste, se equivocaron en el diagnóstico y empeoró.
A éste le metieron en el quirófano y murió. 
A éste le dieron una medicación y se complicó.
Oiga, ¿y para qué ha ido al hospital?
Es que no solamente tienen derecho a estar en la escuela: tienen derecho a tener éxito en la escuela.”

(Santos Guerra AÑO)

Cada vez que escucho esta parte de la conferencia, me preguntó: ¿podemos decir algo parecido con respecto a la educación superior?

Quiero decir, si sostenemos el derecho de los jóvenes (y no tan jóvenes) a acceder a la universidad, ¿estamos diciendo que tienen derecho sólo a acceder o también a qué les vaya bien en sus estudios?

Por supuesto que el hecho de que "les vaya bien" depende de muchos factores. Pero lo mismo ocurre con "que nos vaya bien" si nos hospitalizan...

En cualquiera de esos casos, aún cuando mucho depende del propio sujeto, ¿podemos decir que las instituciones (y sus profesionales) hacen todo lo que está a su alcance para que les vaya lo mejor posible?

En el caso de la salud, si no lo hicieran, diríamos que estamos ante un caso de mala praxis, ¿no?

¿Y en el caso de la educación?

Si por el motivo que sea, docentes e instituciones no hacemos todo lo posible para favorecer los aprendizajes de los estudiantes, ¿no estaríamos frente a una mala praxis educativa?

¿Qué responsabilidad nos cabe, como profesionales y como instituciones, frente al "fracaso" de los alumnos en sus estudios?

Como señala Ezcurra (2011), el fenómeno de masificación de la educación superior que se viene dando en las últimas décadas a nivel mundial abrió el ingreso al nivel superior de educación a franjas sociales antes excluidas, con un aparente sentido de inclusión social. Sin embargo, se trata de una inclusión excluyente: los alumnos provenientes de los sectores desfavorecidos tienen menos probabilidades de continuar sus estudios superiores y coronarlos con la graduación.

El asunto es: ¿qué hacemos ante el fracaso académico de muchos de nuestros estudiantes? 

Lamentablemente, muchas medidas institucionales apuntan a los estudiantes y no a revisar lo que nosotros (docentes e instituciones) les ofrecemos, ni de qué manera atendemos sus necesidades de aprendizaje.

“Las instituciones no son sólo otro factor causal, sino que además configuran un condicionante primario, potente, decisivo para el desempeño académico y la persistencia. Ese estatus primario corresponde sobre todo a la enseñanza, a las experiencias académicas cotidianas. (...) Diversos estudios confirman que la mayoría de los avances en la competencia académica de los alumnos es atribuible a esas experiencias y no a los rasgos que los estudiantes traen consigo al ingreso. Es decir que las prácticas en el aula cuentan más para el aprendizaje y la retención que su propio perfil. La enseñanza resulta entonces más determinante que el capital cultural previo.”

(Ezcurra, 2011)

Dicho en otras palabras, si nos interesa que a los estudiantes les vaya bien en su paso por la universidad, nuestro rol es crítico. Más crítico que las propias particularidades de cada alumno.

¿En quién se centra nuestra enseñanza?

Un docente me dijo una vez que su materia era como un tren que pasa, y -refiriéndose a los estudiantes- "el que no se sube se la pierde".

Y yo me pregunto: ¿nuestra materia es el tren al que los alumnos tienen que lograr subirse (y si no lo logran, problema de ellos)? 

¿O ellos mismos son su propio tren, y somos nosotros los que tenemos que ver de qué manera subirnos (y acompañar y quizás redireccionar su recorrido)?

En la mayoría de las profesiones, el trabajo a realizar, el trabajo “correcto”, es aquél que resulta acorde a las necesidades de nuestro interlocutor, nuestro usuario, el beneficiario de nuestros servicios.

Un abogado debe implementar las estrategias necesarias para ganar los juicios. Y esas estrategias serán distintas en cada caso. Un médico deberá ofrecer un tratamiento acorde a cada paciente. Etc.

¿Y en la educación?

¿Ofrecemos las acciones de enseñanza que cada estudiante (o grupo de estudiantes) necesita?

¿O tenemos los contenidos a enseñar y los modos de enseñar ya definidos antes de conocer a los estudiantes?

En definitiva...

¿Qué haría falta para poder atender sus necesidades y así promover sus aprendizajes de manera más eficaz?

Esta pregunta me lleva a otro fragmento de la interesante conferencia de Santos Guerra...

"Primero tenemos que querer mejorar las prácticas docentes. Si no queremos, no sirve todo lo demás. (...) ¿Si queremos ya está? No, si no sabemos. (...) Si fueran a operar a mi niña (hija de 5 años), y yo la llevase a un hospital y preguntase: ¿Quién la va a operar? ‘Este señor. Se ha puesto esta bata blanca…’ Y yo preguntase: ¿Quiere operarla? ‘Sí.’ ¿Sabe? ‘No, no sabe, pero le gusta. Le pagan. Y dice que nació para cirujano. Que de niño con unas tijeras abría las ranas… Y dice que es feliz operando.’ ¿Pero sabe? Si me dicen que no, ¡no la toca! (...) Y ya sabe y ya quiere y sabe… ¿ya está? ¿Puede? Hay que ver las condiciones… Porque los 3 vértices son necesarios. (...) Hace falta un pueblo entero para educar a un niño. Dicho de manera más plena, hace falta un buen pueblo para educar bien a un niño.”

(Santos Guerra, 2010)

Por supuesto que garantizar el derecho a una buena educación no depende exclusivamente de nosotros, los docentes.

La institución -y la sociedad- en su conjunto son responsables de garantizar ese derecho.

Pero en la parte que nos toca a nosotros, a cada uno, ¿estamos haciendo lo necesario?

¿Queremos? ¿Sabemos? ¿Podemos?

Este blog pretende ser un aporte para lograr esas 3 patas necesarias para ofrecer una formación universitaria de calidad.

  • Fundamentos para estar convencidos de que vale la pena enseñar poniendo en el centro a los alumnos. Querer.
  • Herramientas y aportes para tener nuevas estrategias y adaptarlas a las propias necesidades (de cada docente y su grupo de alumnos). Saber.
  • Y argumentos para plantear en las instituciones y hacer valer las propias convicciones. Poder

¿Y qué necesitamos querer, saber y poder, si lo que nos interesa es ofrecer una buena educación? 

En línea con los 2 pilares que sustentan este blog necesitamos centrar nuestra tarea en la búsqueda de que los alumnos:

  • Quieran aprender: Es decir, que se sientan motivados, que tengan ganas, que lo que aprenden les parezca imprescindible para su profesión de destino, o que toque sus intereses personales. Que se vean tan cautivados por lo que pasó en una clase que no se pierdan la siguiente, ni locos. 
  • Puedan aprender: Es decir, que los contenidos se vinculen con lo que ellos ya saben, con sus experiencias. Que lo que enseñamos sea una versión adecuada para ellos, que no esté inútilmente sobrecargada de lo que nos importa a nosotros pero a ellos sólo los confunde.

Ni más, ni menos.

¡Feliz cumpleaños para toda la comunidad!

Referencias

  • Ezcurra, Ana María (2011). Igualdad en educación superior. Un desafío mundial. Buenos Aires: Editorial Universidad de General Sarmiento. Colección Educación - Serie Universidad Nº 01. ISBN: 978-987-630-109-1 – 112.
  • Santos Guerra, Miguel Ángel (2010) La evaluación como aprendizaje. https://youtu.be/9Lgl2qHYBJA

Y vos, ¿querés, sabés y podés ofrecer una buena educación universitaria?

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