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¿Cortado y con azúcar o solo y amargo?
Lágrima, doble, en jarrito, mitá-y-mitá, expresso… Las opciones son casi tantas como personas pidiendo café.
En algunos lugares hasta se puede elegir el tipo de leche, de azúcar, y del mismísimo café.
Y a vos, ¿te da lo mismo?
Cuando vas a un bar y pedís un café, ¿le decís al mozo “traémelo como sea, me da igual”?
¿O tenés preferencias muy concretas?
¿Te tomarías el café si fuera muy distinto al que te gusta?
Ensalada sin condimentar
En la misma línea, soy talibán de no condimentar las ensaladas.
Aunque a veces no cae bien, sostengo que condimentar las ensaladas es como ponerle de prepo leche y 3 cucharadas de azúcar al café que preparo para todos.
¿No parece una invasión a los gustos de cada uno?
Y si es así...
¿No estamos haciendo eso mismo al ofrecer la misma formación para todos los alumnos?
En este post…
- Te cuento por qué aprender lo que les interesa aumenta la motivación de tus alumnos (y de todos, bah).
- Analizo por qué el simple hecho de poder elegir los hace sentir mejor.
- Te muestro cómo podés desde tu asignatura ayudarlos a aprender a elegir.
¿Seguimos? Vos elegís.
No nos da todo lo mismo
Así como tenemos preferencias para el café o para las ensaladas, para la música o los destinos vacacionales, cuando se trata de aprender hay áreas o temas que nos interesan más que otros.
Quizás nos resultan placenteros, nos dan curiosidad, nos invitan a profundizar, nos interpelan, nos apasionan, o hasta nos molestan y atraen a la vez.
Seguramente en esas áreas nos desempeñemos mejor, nos den más ganas de aprenderlas o de trabajar en ellas, lo hagamos con más esmero, y luego las recordemos más y mejor.
¿Por qué pasa esto?
El interés motiva
"El verbo aprender, como el verbo amar, no se pueden conjugar en imperativo. Sólo aprende el que quiere."
(Santos Guerra, 2007: 135)
Y cuando estamos motivados, queremos aprender y aprendemos mejor.
Si algo nos interesa, tenemos más ganas de aprenderlo. Le destinamos tiempo, esfuerzo mental y disposición.
Y lo que aprendemos se vincula con otras cosas que sabemos (y con nuestras emociones), y por lo tanto se retiene mejor y se puede usar con mayor facilidad.
Todo eso ya lo conversamos en este post.
Sentimos que nos pertenece, que tiene que ver con nosotros.
Y eso es altamente motivador.
Todo a todos
"El colegio, igual que la universidad, es café para todos, el mismo menú durante años para todos, mínima posibilidad de guiarse por intereses individuales, de elegir."
(Martínez Aldanondo, 2004: 36)
El tema es que en la universidad, así como en el resto del sistema educativo, pocas veces los alumnos tienen la posibilidad de elegir lo que aprenden.
Y parece entendible: debemos garantizar una formación profesional equivalente para todos. Los futuros profesionales deben desarrollar ciertas capacidades que no son opcionales. Y deben estar preparados para trabajar en áreas que no les resultan de especial interés.
Y es así, es verdad.
Pero también podríamos pensar que hay algunos contenidos, algunos saberes y competencias, e incluso algunas maneras de aprender, que podrían ser elegidos, redundando en una mayor motivación.
Porque, de hecho, ¿qué profesionales queremos formar? ¿Unos que aceptan lo que se les impone? ¿O también unos que proponen proyectos, que se especializan hasta la médula en algo que los apasiona y así hacen crecer a sus propios campos disciplinares?
Aprender a elegir
Ahora bien… elegir no es fácil. A elegir se aprende.
Seguramente te hayas topado con algún alumno universitario que no sabe qué le interesa… Y que cuando le das a elegir alguna actividad o algún contenido, te mira azorado, no sabiendo bien en función de qué debe hacer esa elección.
Es como el elefante del circo. Ese animal enorme que despliega sus fuerzas descomunales en cada función, pero luego vuelve tras bambalinas y se queda quietito, con una pequeña estaca de madera que lo sujeta al piso. ¿Por qué no se escapa? ¿Esa estaca logra sujetarlo?
No.
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cree que no puede.
La historia del elefante encadenado refleja la paradoja de la educación superior.
No podemos esperar que sepan hacerlo.
Tenemos que ayudarlos a aprender a elegir.
El perro frustrado
Santos Guerra cuenta la siguiente anécdota:
A un hombre le recomiendan que le dé a su perro aceite de hígado de bacalao para estimular su apetito. Así que cada día el hombre sujeta con fuerza al perro -que se resiste como puede-, le abre la boca y le vierte el aceite.
Un día, en medio del forcejeo, el frasco se rompe y el aceite se derrama por el suelo. Ante la sorpresa del dueño, el perro empieza a lamer el aceite. Al perro le gustaba el aceite, pero no el modo con que su amo pretendía dárselo (2007: 151-2).
La posibilidad de elegir
Quizás me guste el café que me das… ¿pero por qué no puedo elegir cómo tomarlo?
Y quizás no me moleste tanto el aceite y vinagre en la ensalada… pero ¿no puedo ponérselo yo a mi gusto?
Lo mismo le pasa al perro con el aceite de bacalao.
¿Y a nuestros alumnos?
Cuando elegimos nos sentimos empoderados.
Cuando hacemos algo por obligación, nos sentimos víctimas.
Como los chicos con las verduras. Si los obligamos, no las quieren. Pero si les damos a elegir... quizás sí.
O si corremos una maratón porque nos gusta ese deporte, o porque nos amenazan con que si no lo hacemos pasará algo terrible.
Formación con opciones
"La actividad en la cual el alumno no elige ningún componente tiene muy pocas posibilidad de implicarlo."
(Perrenoud, 2004: 63)
Por supuesto, sería ideal que todos los contenidos de nuestra asignatura fueran de interés para los alumnos. Pero esto es poco probable. A nosotros mismos hay temas –de los que enseñamos- que nos interesan más que otros. ¿Por qué no les pasaría a ellos?
Una manera de favorecer la posibilidad de que los alumnos elijan lo que aprenden en función de sus intereses es ofrecer una formación con opciones.
Esto quiere decir que en nuestra asignatura puede haber un tronco de contenidos que todos los alumnos tienen que aprender –porque los consideramos fundamentales para todos ellos- y otro "menú" de contenidos del que pueden elegir alguno/s para hacer algunas actividades. Por ejemplo, analizar una nota periodística sobre una temática que aborda la materia, o investigar esa temática para hacer una monografía.
Esto no sólo aporta una alta cuota de motivación, sino que además facilita el manejo del tiempo (como vimos acá). Como los alumnos no tienen que aprender todos los contenidos optativos del menú, sino sólo el o los que eligen, la cursada se descomprime y podemos hacer un mejor uso del tiempo, por ejemplo, para que cada uno trabaje en profundidad el tema elegido, en lugar de sobrevolarlo desde lejos.
Ahora bien: si proponemos algo así tenemos que aceptar que cada estudiante aprenderá ese contenido (esa temática) que eligió, y no los otros. Y tenemos que estar tranquilos con esa decisión… Y esa tranquilidad nos la va a dar el saber que lo que nos importaba en este caso era lograr los objetivos más amplios que nos propusimos (como “interpretar notas periodísticas”, o “hacer una monografía”).
Como dice Feldman (2015), lo que debería importarnos es lo que los alumnos logren hacer con los contenidos, y no que dominen los contenidos en sí.
Te doy un ejemplo. Un objetivo de aprendizaje de uno de mis Talleres sobre enseñanza universitaria podría ser, por ejemplo, que los participantes sean capaces de debatir en torno a problemáticas docentes habituales utilizando herramientas didácticas. Puedo promover ese objetivo a través de un conjunto de contenidos o de otro… En definitiva, en estos casos, los contenidos casi dan lo mismo…
Cuando ofrecemos una formación con opciones, quien elige un tema, deja de elegir los otros, y por lo tanto deja de aprenderlos… Pero no importa, porque esos temas eran sólo una excusa (en el buen sentido) para que aprendan algo más transversal y profundo, que era –seguramente- el objetivo.
Otro ejemplo podría ser -y lo expreso de manera muy amplia para que vos lo adecues a tu asignatura- que aprendan a “analizar un texto clásico”. No todos los que ofrecemos. Sólo uno, en profundidad. Con la habilidad que adquieran (por trabajar en profundidad) podrán, más adelante, quizás por fuera de la cursada, analizar los restantes si hiciera falta. ¿O es que preferimos que sobrevuelen una multiplicidad de textos, sin comprender profundamente ninguno? ¿Se acordarán después de qué va cada uno? ¿Qué les habrá quedado?
Esto no quita que no hagamos lo posible, además, por que los demás temas les resulten atractivos e interesantes, en función de la profesión para la que se están formando, por ejemplo.
“Yo quiero aprender esto”
Lo que daríamos por escuchar a nuestros alumnos decir esto… ¿O no?
Si lo logro, soy Gardel (Te imagino decir.)
Cuando ofrecemos la posibilidad de que elijan, estamos fomentando que los alumnos expresen qué quieren aprender.
¿Lo vamos a desaprovechar?
Referencias
- Feldman Daniel (2015) “Para definir el contenido: notas y variaciones sobre el tema en la universidad”. En Trayectorias Universitarias, Secretaría de Asuntos Académicos, UNLP. Volumen 1. No 1. ISSN 2469-0090. Páginas 20-27. (http://www.revistas.unlp.edu.ar/TrayectoriasUniversitarias)
- Martínez Aldanondo, Javier (2004) El e-learning y los siete pecados capitales. Intangible Capital - Nº 5 – Vol. 0, Noviembre de 2004 - ISSN: 1697-9818
- Perrenoud, Philippe. (2004) Diez nuevas competencias para enseñar. Barcelona, Graó.
- Santos Guerra, Miguel Ángel (2007) Epistemología genética y numismática o el absurdo hábito de la copia. En: Casamayor, Gregorio (coord.) Los ‘trucos' del formador. Arte, oficio y experiencia. Editorial Graó. Barcelona.
Y vos, ¿qué les das a elegir a tus alumnos?
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Comentarios
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Maria Rosa Lopez01/03/2021 22:42Felicitaciones me encantan tu enseñanza con sentido.Viviana10/03/2021 23:20
¡Muchas gracias, María Rosa!